Son muchos los aspectos que se derivan de un análisis sosegado de los resultados electorales en las elecciones de este primero de marzo de 2009. Por ello, y para estructurar de una manera más comprensible las conclusiones, analizaré por separado las elecciones gallegas, las del País Vasco y, por último, la clave general y las consecuencias que estos resultados pueden traer a la política nacional.
La victoria de Núñez Feijóo en Galicia es incontestable. Con 39 escaños (y en espera del recuento del voto extranjero) el Partido Popular ha reconquistado la mayoría absoluta en la tierra de Mariano Rajoy. El bipartito no ha conseguido consolidarse como opción de progreso en Galicia, y ha fracasado en su estrategia de afianzarse como alternativa a la hegemonía conservadora que durante décadas encarnó Manuel Fraga. Desde un punto de vista local, el Partido Popular ha realizado una campaña entusiasta, renovada, a veces ácida y muy agresiva. Feijóo lo sabía muy bien. Era el todo o el nada, y han ganado. En cambio, las campañas de Pérez Touriño y Quintana han adolecido de unas expectativas por encima de sus posibilidades finales, y la división de programas y propuestas ha vencido a la unión del interés común: repetir gobierno en la comunidad gallega.
En el País Vasco el cambio ha vencido. La política de frentes de Ibarretxe, a pesar de haber sido la opción ganadora, no consigue su propósito de vencer a la opción constitucionalista y de consenso de Patxi López. El notable aumento del PSE y la supervivencia del Partido Popular de Basagoiti permiten a estas dos formaciones establecer un gobierno de cambio que abandone la senda separatista y de confrontación del ya ex lehendakari Juan José Ibarretxe. En clave local cabe destacar, al menos, cuatro datos: por un lado, el voto abertzale ha ido a parar de forma muy significativa a Aralar, y parece que han sido muchos los que no han seguido la consigna etarra del voto nulo. En segundo lugar, la bronca marcha de María San Gil que en tantos aprietos metió a Mariano Rajoy ha sido superada con holgura, puesto que los populares sólo pierden dos escaños y se convierten en el partido llave para un gobierno de cambio. La opción independentista de Euskal Alkartasuna ha sido un absoluto desastre, y relega a la formación nacionalista a la práctica desaparición. Por último, Ezker Batua sufre un amplio castigo en favor del PSE. Todo parece indicar que Patxi López será el próximo Lehendakari. Ahora sólo queda por averiguar si formará un gobierno únicamente socialista con apoyos puntuales o si Antonio Basagoiti será el nuevo vicelehendakari. Voy a apostar: la segunda opción tiene, en mi opinión, más posibilidades de prosperar, pues otorga estabilidad al País Vasco.
En clave nacional, los resultados son más que satisfactorios para el Partido Popular. El propio Mariano Rajoy había situado las elecciones en Galicia en el núcleo de su reválida como presidente nacional del PP. Ha estado prácticamente quince días recorriendo Galicia palmo a palmo, y los resultados no han podido ser más positivos. Además, lo hace en plena crisis por los casos de corrupción y espionaje en el seno de su partido, que no parecen haber afectado lo más mínimo la intención de voto de sus seguidores vascos y gallegos. Y, sobre todo, calla a los críticos en el seno el Partido Popular: por un lado, uno de sus pilares, Núñez Feijóo, recupera la Xunta de Galicia y, por otro, la caverna mediática se queda sin argumentos para satanizar a Basagoiti en contraste con María San Gil. Una gran noche ésta del 1 de Marzo, sin duda, para Mariano Rajoy. En cambio, el PSOE tiene mucho que analizar. Es cierto que la alegría es desbordante en el País Vasco. Zapatero había apostado muy fuerte por López como nuevo lehendakari, y la jugada le ha salido redonda. Pero, en cambio, en Galicia sufre su primera y muy significativa derrota electoral. Si bien el País Vasco merece un análisis muy aislado de sus resultados, el resultado en Galicia tiene una muy fuerte componente nacional. Zapatero debe tomar medidas si no quiere perder también las elecciones europeas. Por otro lado, y volviendo al asunto vasco, Zapatero tiene que añadir a la cabecera de su agenda un asunto muy importante: el PNV deja de ser su alianza preferente en el Congreso y no tiene más remedio que fijar una postura común con CiU y Josep Antoni Durán i Lleida.
Gallegos y vascos han apostado por el cambio. Tomemos nota.



